Nuestro Señor se le apareció a la Hermana Faustina Kowalska y le reveló su Divina Misericordia para el mundo.
Estos son extractos de diálogos del Señor con la Hermana Faustina según lo escribió en su diario.
Pinta una imagen de acuerdo a esta visión, con las palabras " Jesús, en vos confío"
Yo deseo que esta imagen sea venerada, primero en tu capilla y [después] en todo el mundo.
Yo prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, especialmente a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé con mi propia Gloria.
Los dos rayos denotan Agua y Sangre. El rayo pálido significa el Agua que hace las almas correctas. El rayo rojo significa la Sangre que es la vida de las almas.
Estos dos rayos salieron de las profundidades de mi tierna Misericordia cuando mi corazón agonizado fue abierto por la lanza en la cruz.
Fiesta de la Misericordia Divina
Yo quiero que esta imagen sea solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua; ese domingo ha de ser la Fiesta de mi Misericordia. En ese día, las profundidades de mi Misericordia estarán abiertas para todos.
Ese día, la plenitud de Mi tierna Misericordia estará abierta. Verteré un océano de gracias sobre las almas que se acerquen a la Fuente de Mi Misericordia. El alma que se confiese y comulgue obtendrá completo perdón de sus pecados y del castigo merecido. (Diario de la Hermana Faustina, 699).
Las almas perecen a pesar de mi amarga Pasión. Estoy dándoles la ultima esperanza de Salvación; esto es, la Fiesta de mi Misericordia.
Deberíamos de esparcir esta devoción y hacerla conocida a los sacerdotes para que ellos se motiven a celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia en honor de nuestro Señor.
Ver Preparación para la Fiesta
Estoy ofreciendo a la gente una vasija con la cual puedan recoger las gracias de la Fuente de Misericordia. Esa vasija es esta Imagen con la leyenda: "Jesús, en Vos confío." (Diario de la Hermana, 327).
Oh, cuantas son las gracias que Yo le concederé a las almas que dicen esta coronilla; las mismas profundidades de mi Tierna Misericordia se estremecen por cause de aquellos que dicen la coronilla. Escribe estas palabras, Hija mía. Háblale al mundo acerca de mi Misericordia; deja que toda la humanidad reconozca mí Misericordia infinita. Esta es un signo para los últimos tiempos; después vendrá el día de la Justicia. Mientras todavía hay tiempo, déjales tener recurso a la fuente de mi Misericordia' déjales aprovechar de la Sangre y Agua que que brotó para ellos.
Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado... Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte... Cuando digan esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y el, no como Justo Juez sino como Misericordioso Salvador... Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su ultimo refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia... A través de la Coronilla obtendrán todo, si lo pedido es compatible con Mi Voluntad. (Diario, 687, 1541, 1731).
Deseo que durante esos nueve días traigas almas a la fuente de Mi misericordia, que de allí podrán tomar fuerza y consuelo y cualquier gracia que necesiten en las adversidades de la vida, especialmente en la hora de la muerte. (Diario, 1209).
En la cruz, la fuente de mi Misericordia fue abierta ampliamente por la lanza para todas las almas --- A ninguna he excluido !
Entre mas grande sea el pecador, mas grande es su derecho a mi Misericordia.
Que ningún alma tema acercase a mi, aunque sus pecados sean como escarlata.
Las almas perecen a pesar de mi amarga Pasión. Estoy dándoles la ultima esperanza de Salvación; esto es, la Fiesta de mi Misericordia.
Las llamas de Misericordia me están ardiendo. Yo deseo derramarlas sobre las almas humanas. Oh, que dolor me causan cuando no las quieren aceptar!
Oh, que tan doloroso es para Mi que las almas rara vez se unan a Mi..... Yo las espero, y ellas son indiferentes hacia Mi.. Yo les amo tierna y sinceramente, pero ellas desconfían de mi.
Yo demando de ustedes obras de Misericordia las cuales deben de levantarse por su amor hacia Mi. Ustedes tienen que mostrarle misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No pueden evadir esto o tratar de excusarse de ello.
1541 Hija mía, alienta las almas para que digan la coronilla que Yo te he dado.
Tal como la enseñó Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska
LOS DUROS COMIENZOS El 5 de octubre de 1938, moría en un convento de Cracovia (Polonia) una humilde religiosa polaca, Sor Faustina Kowalska, de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad. Había cumplido apenas 33 años.
Durante su vida las hermanas de Sor Faustina no sospechaban nada de las extraordinarias experiencias místicas de su compañera: sólo pocos años después de su muerte, cuando comenzó a difundirse la devoción a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina, se comenzó a hablar también de ella. La Madre General de la Congregación consideró entonces llegado el momento de informar oficialmente a las hermanas acerca de la misión que Jesús había encomendado a Sor Faustina, a saber, la de promover en el mundo la devoción a Su Divina Misericordia.
A muchas de las Hermanas ya eran familiares aquellas nuevas formas de devoción, pues se practicaban en algunos de sus conventos y aún fuera de ellos, sin sospechar que Sor Faustina tenía algo que ver con ellas, porque el encargado de difundirlas no fue ella, sino su confesor. Mayor difusión comenzó a tener la Devoción a la Divina Misericordia al estallar la Segunda Guerra Mundial, en 1939, cuya primera víctima fue precisamente Polonia. Para facilitar a la gente la práctica de la devoción, se abrió al público también la capilla del Convento de las Hermanas en la que estaba expuesta la imagen de Jesús Misericordioso.
Como en el mismo convento estaba sepultada Sor Faustina, los visitantes de la capilla solían visitar también su tumba. Los graves sufrimientos y las angustias que trajo consigo la guerra impulsaban a la gente a refugiarse en la devoción a Jesús Misericordioso. Así crecía el número de las iglesias en las que se entronizaba su imagen. Además, se erigían por doquier centros de difusión de la Devoción a la Divina Misericordia, que en 1951 ya eran 130.
Ya durante la guerra, y más aún después de terminada ésta, la devoción comenzó a difundirse también en otros países como en Rusia, Francia y Estados Unidos. La creciente difusión de esta devoción en las formas propuestas por Sor Faustina parecía contradecir los que ella misma escribiera en su Diario espiritual profetizando que la devoción «caería en completa ruina» pero que después se manifestaría«la acción de Dios con gran poder que pondrá en evidencia su autenticidad. Será un nuevo esplendor para la Iglesia, aunque haya estado dormida en ella por mucho tiempo».
La primera parte de la predicción de Sor Faustina se cumplió cuando la Santa Sede, actuando en base a informes inexactos e insuficientes, prohibió en marzo de 1959 la difusión de la devoción a la Divina Misericordia en las formas propuestas por Sor Faustina. La remoción de las imágenes de Jesús Misericordioso de las iglesias se dejó a la discreción de los obispos. De la mayoría de las iglesias de Polonia fueron removidas, mientras que el Arzobispo de Cracovia dispuso que las imágenes podían quedarse en las iglesias de su Diócesis y que los fieles podían seguir rezando ante ellas.
Después de años, la Santa Sede, comenzó a interesarse de nuevo por este asunto y encomendó al entonces Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, promotor de la causa de beatificación de Sor Faustina, que actuara con prontitud antes de que murieran todos los testigos. En Abril de 1978, en base al examen de documentos originales que antes no se conocían, la Santa Sede retiró la prohibición de 1959, que había durado casi 20 años. Quitada la prohibición, la devoción a la Divina Misericordia cobró nuevo impulso y actualmente se está difundiendo rápidamente por todo el mundo.
La persona que más trabajó para este cambio de actitud de la Santa Sede fue el Cardenal Karol Wojtyla quien seis meses después del Decreto quitando la prohibición, el 16 de octubre de 1978, fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II.
Así comenzó a cumplirse la segunda parte de la profecía de Sor Faustina, según la cual “esta devoción se difundirá en toda la Iglesia”.